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De gracia doy, lo que de gracia recibí

Iglesia Jerusalén, pastora Hilda Montes Tolentino
Coatzacoalcos, Veracruz

Hoy Dios me ha bendecido con una casa grande; me la ha amueblado, y me ha prosperado de una forma que nunca imaginé. Mis hijos, mi esposa y yo trabajamos para el Señor; mi hijo toca la batería y mi hija canta en el grupo de alabanza. Somos supervisores de tres células que pertenecen a nuestra iglesia Jerusalén.

Pero mi vida antes no era así. Muchos años atrás mi vida era desordenada, tenía vicios, tomaba y fumaba; tenía un vocabulario sucio, lleno de palabras obscenas. No conocía nada de la Palabra de Dios. Mis familiares practicaban la religión popular, pero no aprendieron nada, no existía temor a Dios. Todo era vanidad. Vivíamos en ignorancia de la Palabra de Dios.

Dios puso a personas en mi camino que empezaron a hablarme de la Palabra de Dios. No fue fácil el proceso, uno de los que me empezó a compartir venía de una iglesia cercana a dónde yo vivía y me comentó como él había sido esclavo del alcohol pero que Cristo lo liberó. Me regaló el folleto ¿Se puede salir del alcoholismo? Al principio no le puse atención, pero guardé el folleto y cada vez que me acordaba de ese hombre leía el folleto y fui entendiendo que yo estaba equivocado al pensar que yo podría dejar el alcohol cuando quisiera. Además me di cuenta que sólo me estaba causando problemas de salud, emocionales y familiares.

Meditaba mucho en los versículos que trae ese folleto:

«Todo el mundo conoce la conducta de los que obedecen a sus malos deseos: no son fieles en el matrimonio, tienen relaciones sexuales prohibidas, muchos vicios y malos pensamientos. Adoran a dioses falsos, practican la brujería y odian a los demás. Se pelean unos con otros, son celosos y se enojan por todo. Son egoístas, discuten y causan divisiones. Son envidiosos, se emborrachan, y en sus fiestas hacen locuras y muchas cosas malas. Les advierto, como ya lo había hecho antes, que los que hacen esto no formarán parte del reino de Dios.»

Gálatas 5:19-21

 Poco a poco comencé a ver el cambio en mi vida, ya no era la misma persona, algo me estaba cambiando. Era el amor de Dios y Su Palabra; Cristo estaba llevando acabo Su propósito conmigo y para mi familia. Doy gloria a Dios porque me encontró.

Mi vida hoy es totalmente diferente, con la ayuda de Dios, dejé los vicios; Él empezó a bendecir a mi familia, mi trabajo y mis finanzas. Me separó de las malas amistades y me rodeó de personas que le sirven y obedecen. Ahora amo más a mi prójimo y valoro más a las personas. Sé que Dios me ama y me bendice para que sea de bendición a otros, por ello ahora bendigo también al ministerio de Cruzada Mexicana pues con los folletos que ellos nos facilitan hago lo que un día hicieron conmigo, como dice la Palabra de Dios, dad de gracia lo que recibiste de gracia.

Jorge Mendoza

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