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Nos pidió algo de comer

Iglesia Torre Fuerte, pastora Irma Armida Alfonzo Valdez
San Juan del Río, Sonora

Como Iglesia nos hemos puesto el objetivo de asistir una vez por semana al Hospital General de nuestra ciudad para llevar alimento a las personas que se encuentran en el área de urgencias, esperando noticias de sus familiares. Y así también, les llevamos la Palabra de Dios para sus vidas.

Muy cerca de ahí se encuentra una pequeña plaza, dónde otro grupo de hermanos se coloca con una mesa con alimentos y están preparados para presentar la Palabra de Dios a los indigentes que por lo regular llegan a dormir a ese lugar.

Una tarde, encontramos a Román, un vagabundo que siempre llega a esta plaza, se acercó y nos pidió algo de comer. Con mucho gusto le ofrecimos comida, agua y le compartimos la Palabra de Dios aunque su reacción fue de rechazo al mensaje de salvación. Yo tuve curiosidad y le pregunté por qué actuaba de esa forma cuando le hablábamos de la Palabra de Dios y él nos comenzó a contar su historia:

«Desde muy pequeño comencé a conocer lo difícil que es la vida.  Mi padre nos abandonó a muy temprana edad, por lo cual, mi madre tuvo que dedicarse a la prostitución para poder darnos de comer a mis dos hermanos y a mí. Lamentablemente dentro de este oficio, mi madre conoció el alcohol y las drogas y fue entonces cuando mi niñez se transformó en un tormento. No había día que mi madre no llegara alcoholizada o drogada y nos golpeará a mí y a mis hermanos. Ella estaba resentida con la vida. Nos decía que por culpa de nosotros, mi padre nos había abandonado.

Aburrido y harto de la vida que llevaba, decidí salirme de casa a buscar trabajo con el objetivo de tener una mejor vida y así sacar a mis hermanos adelante. Pero yo también caí en las garras de las drogas y el alcohol. 

Muchas veces le imploré a Dios que me ayudara, lloré y le supliqué porque ya no quería seguir teniendo esta vida.  Pero nunca tuve respuesta, por eso sé que Dios no ayuda a todos.»

Sus palabras nos conmovieron mucho y le comenzamos a hablar del grande e infinito amor de Dios y de como Dios también nos pide reconocer nuestros pecados delante de Él y aceptarlo como nuestro único y suficiente Salvador.

Román nos agradeció mucho el alimento y la plática que había tenido con nosotros; nos agradeció por el folleto que le habíamos regalado, Se puede salir del alcoholismo, y dijo que lo estaría leyendo y que nos volvería a visitar para seguir hablando más de Dios. 

Oramos a Dios, que algún día podamos seguir hablando con Román y que Dios ablande su duro corazón. No tengo la menor duda de que Dios ya ha empezado a trabajar su vida.  Seguiremos orando fielmente para que Dios obre en su vida a través de los folletos que le obsequiamos cada que vez que venga a vernos.

Pastora Irma Alfonzo Valdez

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