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Mi testimonio me acompaña cuando salgo a evangelizar

Iglesia Bethel, pastor Elías Axinecuilteco García
San José Ixtapan, Guerrero

Nací y crecí en este pequeño poblado de San José Ixtapan, una comunidad dónde sus lugareños son fraternales con las personas que visitan las playas de esta región. Es una zona dónde predomina la alegría y podría decirse que es bastante tranquila; no es muy común escuchar problemas de delincuencia, pero lamentablemente, muchas de las familias aún acostumbran las viejas prácticas como el espiritismo, la brujería y la santería.

Mi familia, era una de tantas que tenían estas prácticas y creencias. Depositábamos nuestra fe y esperanza en los engaños del mal, creyendo ciegamente que era Dios a quien encomendaba mis necesidades y problemas, sin saber que estaba entregando mi vida y mi familia al enemigo. Por muchos años, mi familia y yo fuimos fieles creyentes de estos rituales satánicos, éramos partícipes de festividades en honor a los altares del mal y como muchas personas, creíamos estar en lo correcto.

En múltiples ocasiones llegó a mi vida la Palabra de Dios y al igual que muchas personas fui indiferente al mensaje de salvación. Tenía ojos ciegos y oídos sordos, rechazaba la verdad y la indiferencia se apoderaba de mi ser y no me daba la oportunidad de conocer más de Dios.

Sin embargo, llegó la enfermedad a mi vida y como siempre, mi opción fue buscar a los espiritistas y curanderos, depositando mi confianza en ellos y sus conjuros. Pero todo fue en vano, no obtuve sanidad, por lo cual busqué la ayuda de los médicos y probé todo tipo de medicamento, tratamientos y cuanto remedio casero me dieran, pero los fuertes dolores en mis riñones no cesaban.

Una tarde, mientras unas hermanas de la iglesia Bethel se encontraban evangelizando por mi colonia, tuvieron a bien pasar a visitarme y me obsequiaron el folleto Carta de amor paternal, y al comentarles de la enfermedad que aquejaba mi cuerpo, hicieron una oración por mí y de inmediato, los dolores en mis riñones fueron desapareciendo. Continuaron visitándome por algunos días durante 3 semanas y al término del mes de Julio los dolores en mis riñones habían desaparecido, al igual que todas las molestias de mi cuerpo. Como si nunca hubiera tenido nada.

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Comprendí cuan equivocada estaba y reconocí la necesidad de recibir a Dios en mi corazón. Una tarde que volvieron a visitarme, les compartí mi deseo de aceptar a Jesucristo como mi Señor y Salvador y en ese instante las hermanas me acompañaron en mi oración de Fe.

Hoy, mi testimonio de fe me acompaña cada vez que salgo junto con las hermanas a compartir el mensaje de salvación con la ayuda de los folletos del ministerio de Cruzada Mexicana. He podido llevar la Palabra de Dios a muchas familias quienes, como yo, han depositado su fe en algo equivocado y están dejando pasar la maravillosa oportunidad de conocer a Jesucristo como su Salvador. 

Siempre que salimos, empezamos orando para que Dios toque las vidas de las personas con las que hablamos y para que no tengan que pasar un escarmiento mayor que les haga reconocer sus errores.  Pedimos a Dios que nos ayude para que puedan reconocer que necesitan a Dios en su corazón.

Guadalupe Torres

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