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Tenga fe mamá, Dios la va a sanar

Iglesia Lirio de los Valles, pastor Timoteo García Domínguez
Huitzuco de Figueroa, Guerrero

Antes de conocer a Dios, era una persona muy pachanguera, me gustaba ir a las fiestas del pueblo y a las montadas de toros; era fiel devota y amante de las fiestas patronales dónde venerábamos a los santos de las iglesias; era una persona que dedicaba horas y a veces hasta días enteros a organizar dichas festividades.

Mi hija y mi yerno conocieron de la Palabra de Dios y en múltiples ocasiones se acercaban a mí con el deseo de compartirme el mensaje de salvación. Sin embargo, siempre les rechazaba y decía: “Están locos, no saben de lo bueno de la vida, sólo se la pasan con su Biblia, leyendo y aburriéndose”. Pero aun con todo eso, seguían insistiendo en presentarme el mensaje.

Una noche tuve un sueño muy extraño, podía ver un barranco muy profundo y a lo lejos escuchaba a muchas personas que caían en él. Podía oír los gritos de desesperación y en un momento me pude ver al borde del barranco y en la parte de arriba a mi hija extendiendo su mano, diciéndome: “vamos mamá suba, yo le ayudo”Podía ver cómo iba cayendo cada vez más en ese barranco y le decía desesperada: “¡no puedo!”.  Mi hija insistía: “tome mi mano mamá, usted puede subir”.  Era tan real ese sueño que podía sentir la angustia que había en mi corazón y la aflicción por salir de ese barranco. De pronto, sentí un impulso en mi y pude tomar la mano de mi hija y logré salir de ese barranco. Vi con que felicidad mi hija me abrazó y me dijo: “¿ya ve mamá? Sí pudo salir.”  En ese instante me desperté.

Días después de ese sueño, emfermé de mi estómago. Tenía fuertes dolores y malestares; consulté a muchos doctores, algunos especialistas, muy caros, pero ninguno me ayudó. Los medicamentos no me hacían ningún efecto, así que me dieron otros medicamentos inyectados pero tampoco me ayudaron.  Todo resultaba en pérdida de dinero sin ningún resultado. 

Así estuve por un lapso de 7 meses, mi hija y mi yerno nuevamente volvieron a hablarme de Dios y recuerdo muy bien que me regalaron un folleto de nombre Carta de amor paternal, el cual leí y se me hizo muy bonito el mensaje.  Sin embargo, lo pasé por alto. También recuerdo que me regalaron el folleto Ten ánimo hay esperanza y entonces entendí que aun en medio de la adversidad y la enfermedad había esperanza para mi vida.  Pero de la misma manera, pasé por alto ese mensaje.

Una noche mientras intentaba dormir, los dolores empezaron a ser más fuertes, al grado que sentí que me moría. Mi esposo y mi hija no sabían qué hacer para calmar mi dolor, ningún medicamento me hacía efecto. En ese momento, mi hija dijo: “iré por los hermanos de la iglesia para que oren por ti. Tenga Fe mamá y verá que Dios la va a sanar”. En mi angustia de no saber qué hacer y en medio de mi dolor le contesté: “Si está bien ve por los hermanos que oren por mí”. 

A pesar ser muy de noche, los hermanos Manuel, Vicenta y Gil, llegaron a mi casa y me dijeron: “Queremos orar por usted, pero vamos a la iglesia para orar junto con el pastor”.  Acepté la invitación y con la ayuda de mi esposo y mi hija me levantaron y me llevaron a la iglesia, pues ya no tenía fuerzas ni para caminar.

Estando en la iglesia y después de haber orado, el dolor fue disminuyendo poco a poco. La hermana Vicenta se acercó y me preguntó: “¿Desea aceptar a Jesucristo como su Salvador?” No sabía que responder, en mi corazón sentía algo que me decía: “No lo aceptes”, pero al mismo tiempo sentía un impulso que me hacía necesario aceptar a Jesús.  En ese instante, vino a mi mente el sueño que había tenido unos días atrás y pude entender que el barranco era el camino de mi vida y el precipicio era la muerte. No quería llegar a eso, quería librarme de tener ese fin y fue entonces que comprendí el amor de Dios en mi vida y llegaron a mi mente esos hermosos mensajes de los folletos que semanas atrás había leído. 

No sé cómo, pero sentí un impulso y dije con mucha seguridad: “Si. ¡Quiero aceptar a Jesús como mi salvador!”, y al mismo tiempo caí de rodillas llorando y pidiéndole perdón a Dios.

Después de orar pude regresar a casa caminando y sin dolor en mi cuerpo.

Han pasado 2 meses y el dolor no ha vuelto desde esa noche en que acepté a Jesús como mi Salvador. Hoy, me siento muy agradecida con Él por haber tenido misericordia de mi vida. Mi esposo también aceptó a Jesús como su Salvador. Ahora salgo junto con mi hija a compartir la Palabra de Dios por las calles para llevar el mensaje de amor y misericordia a las personas.  A muchas de ellas les he contado mi testimonio y les he compartido cómo Dios ama a todos por igual, lo único que pide es que le abramos nuestro corazón de manera sincera.

María Chino Juárez

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Un comentario sobre "Tenga fe mamá, Dios la va a sanar" Deja un comentario

  1. El milagro de sanidad que experimentó la hermana María Chino en Huitzuco, Gro., es un testimonio que está compartiendo con personas que quizás están pasando por enfermedades que las aquejan y con esta experiencia, el Señor Jesús puede llegar a sanar y salvar a muchas otras personas necesitadas. No debemos callar las bendiciones del Señor,. por el contrario, ¡debemos compartirlas!!!

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