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Quiero gritar a todo el mundo que soy un hijo de Dios

Iglesia Rios de Libertad, pastor Andrés Carranza Blanco
Morelia, Michoacán

Desde muy joven comencé a incursionar en el mundo de los vicios y las adicciones, siempre fui una persona rebelde, muy duro de corazón y anteponiendo mi YO en todo. Aun con todo eso, Dios me permitió formar una familia, a quien por mucho tiempo le causé muchos males y aflicciones.

En diversas ocasiones la Palabra de Dios tocó a las puertas de mi corazón, pero siempre me considere ateo, rechazaba el mensaje de salvación. Siempre decía: «Los cristianos son unos hipócritas».  Llegué a pensar lo peor, no sólo de los cristianos, sino de toda persona que me hablara de Dios.

En cierto momento, comencé a adorar la muerte, quien un poco más tarde se quiso cobrar los favores que me había hecho, tomando como pago la vida de mis hijos, y sin creer en nada, a una iglesia católica y con lágrimas en los ojos y un nudo en la garganta, sin saber cómo hablarle, comencé a pedirle a Dios que no me los quitara, que me los dejara un tiempo más. Dios tuvo misericordia de mí y le concedió la vida a mis hijos pero a pesar de todo eso, seguí siendo rebelde por un lapso de 16 años.

La crisis comenzó a llegar a nuestra familia y tuve que buscar los medios para sostener mi hogar y al igual que muchos me fui por la puerta más fácil, comencé a vender drogas y éstas mismas me envolvieron en su mentira.  En varias ocasiones estuve al borde de la muerte por el consumo de ellas. Llegué a tener úlceras gástricas por no comer a mis horas y por pasar días sin comer. Recuerdo muy bien que estando en agonía nuevamente le imploré a Dios que me sanara y Él con Su infinito amor, me sanó.  Pero neciamente, aun así, no le reconocí como mi Salvador y nuevamente regresé a los mismos caminos del mal y esta vez comenzó a hacerse presente la violencia en mi hogar.

Tuve que caer en la cárcel para entender cuántas veces Dios me había llamado con amor y misericordia. Una tarde cuando unas personas llegaron y comenzaron a hablar de la Palabra de Dios, sentí una paz en mi corazón y cada palabra que decían eran como un bálsamo que reconfortaba mi corazón. Ese día nos regalaron el folleto Tu adicción tiene solución y por primera vez acepté algo de los cristianos. Con gran anhelo, toda la semana me pasé leyendo este folleto y cada vez que lo hacía sentía que alguien hablaba a mi vida con mucho amor. Una semana después, nuevamente llegaron las mismas personas a visitarnos y uno de ellos se acercó a mí y me preguntó si podía orar por mí. No titubee en decirle que sí. Mientras oraba por mí, sentí como alguien llegaba a mi lado derecho y me abrazaba con mucho cariño y al abrir mis ojos pude darme cuenta de que estaba llorando como un niño, ahí fue donde entendí el gran amor de Dios y comencé a ver sus maravillas.

Desde que acepté a Cristo en mi corazón, mi vida ha cambiado por completo, estoy sano de las úlceras y aquí dentro de la cárcel he sido bautizado.  Pero el enemigo no se queda tranquilo, pues ahora ha comenzado a trabajar con mi esposa, la ha cegado y la ha hecho ver que el pecado del adulterio no es malo.  Cuando tengo la oportunidad de platicar con ella le digo que se rinda a Dios, ella me responde que no tiene perdón de Dios por todo lo que me ha hecho. Pero yo le digo que si Dios tuvo misericordia de mí, también la tendrá de ella. Oro a diario a Dios pidiendo misericordia por ella.

Después de que mucho tiempo me dije ser ateo, ahora quisiera salir y gritarle a todo el mundo que soy un hijo de Dios y Él es mi Señor y Salvador, quien me ha libertado, me ha sacado del fango dónde me encontraba y me ha hecho uno de sus hijos y a pesar de que estoy pagando una condena, me siento libre, por Su gracia y por Su amor.

Jorge Armando Celaya

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Un comentario sobre "Quiero gritar a todo el mundo que soy un hijo de Dios" Deja un comentario

  1. Se necesita ser muy valiente para testificar como lo hace este amado hermano Jorge Armando Celaya. Su prisión fue usada por Dios para al fin encontrar la salvación de su alma. Oramos con él por su esposa y por él mismo, para que siga fiel a su fe en Cristo Jesús.

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