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Dios me cuidó todo el tiempo, hasta que llegué a conocerlo

Oasis de Esperanza, pastor Carlos García García
Mazatlán, Sinaloa

El día de hoy me siento muy feliz de compartir mi testimonio, contar cómo Dios vino a dar sentido y propósito a mi vida, algo que por mucho tiempo, creí  encontrar en las drogas y el alcohol pero que en realidad, nunca encontré. Todo lo contrario, destruyeron por completo mi vida y mi familia.

Siempre fui una persona incrédula, nada era cierto y menos cuando se trataba de Dios y de Su palabra. Les llamaba locos, fanáticos, religiosos, en fin todo lo que a mi mente venía. Mi dios eran el alcohol, la fiesta y las mujeres, en eso se iba mi vida.

Pero no siempre fui así. Antes de llegar al mundo del vicio, fui una persona dedicada a mi trabajo, responsable de mi hogar y mi familia. Sin embargo, las malas amistades me llevaron a conocer el mundo del alcohol. Poco a poco fui introduciéndome en este vicio y a la par comenzaron los problemas en casa, las deudas y por más que intentaba alejarme, era inútil. Los conflictos en casa comenzaron a aumentar, mi prioridad ya no era mi familia sino mis vicios.

Perdí a mi familia, después el empleo y por último mi integridad. Muchas veces supliqué a Dios que me ayudara, ya no quería seguir en esa situación pero era en vano, cada que hacía eso sentía como si mi vida se hundía más en el vicio. En muchas ocasiones quise acercarme a las iglesias y en todas siempre era sacado con desprecio, la gente me veía y me decían de cosas, me decían que Dios y los santos no escuchaban a los borrachos.

Al paso del tiempo, llegué a un centro de rehabilitación dónde fui bien recibido y comencé a recuperarme. Fue en este lugar dónde Dios le dio respuesta a esas oraciones que en medio de mi angustia y desesperación muchas veces hice. Unos hermanos nos visitaban y compartían algunos folletos. Muchas veces fui indiferente a esos folletos y a los mensajes que nos llevaban, me sentía resentido con Dios. En ocasiones, me llegaron a preguntar porque me comportaba así de indiferente a la ayuda que ellos querían brindarme y mi respuesta era: «Cuándo yo necesité de Dios, Él nunca estuvo para mí.» Pero aún y a pesar de mi carácter, los hermanos siempre fueron pacientes conmigo.

Mi vida cambió por completo cuando me invitaron a escuchar el discipulado El camino de la felicidad. Recuerdo muy bien que un hermano se acercó a mí y dijo: «Ven, acompáñanos al estudio del discipulado, si no te gusta, ya no sigues viniendo» y la verdad es que como no tenía otra ninguna cosa que hacer y me iba a quedar solo, decidí ir. Desde ese día Dios transformó mi mente por completo, escuchaba el discipulado y entendí que el que había estado mal todo el tiempo era yo, que había buscado por el camino equivocado y que Dios nunca me había dejado. Todo lo contrario, Él cuidó de mi todo el tiempo para que llegara a este lugar dónde le conocería.

Hoy me siento muy feliz y dichoso, he aprendido que si Dios está conmigo, mi vida tendrá sentido en todo momento. Hemos culminado el discipulado El camino de la felicidad y estamos ahora con el curso Camino a la victoria.

Ahora, mi mayor anhelo es salir este lugar y servir a Dios, llevar Su mensaje de salvación a las almas que se encuentran perdidas así como lo estuve yo, enseñarles que hay alguien que les puede dar sentido a sus vidas y la felicidad que tanto han buscado y que solamente Dios puede dar.

Hermanos, muchas gracias por su amor y paciencia para conmigo. Cruzada Mexicana, gracias por estos discipulados a través de los cuales muchos hemos encontrado sentido a nuestra vida y tenemos ahora un propósito por el cual esforzarnos para seguir adelante y llevar la Palabra de Dios a todo lugar, que Dios los siga bendiciendo con más materiales.

Adolfo Ibarra Lizárraga

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2 comentarios sobre “Dios me cuidó todo el tiempo, hasta que llegué a conocerlo Deja un comentario

  1. Respaldamos en oración a Adolfo Ibarra y a todo su grupo de rehabilitación. Que Dios los proteja dentro y fuera del centro para que su relación con el Señor Jesucristo se fortalezca día con día. Esperamos que sus líderes no los dejen solos, aunque salgan del centro, es nuestro deber cuidar su crecimiento espiritual.

  2. Dios siempre está allí esperándonos, él es quien quebranta nuestros corazones con el poder de su palabra y transforma nuestras vidas dándole sentido

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