Iglesia Sinaí
Tampico, Tamaulipas
Dolor, sufrimiento, tristeza, angustia, desesperación e incertidumbre es el ambiente que se respira dentro y fuera de un hospital, tanto la persona que está enferma como sus familias pasan momentos de desesperanza; las enfermedades aparecen de la nada cuando no te lo esperas no importando la clase social ni estatus.
Fuimos movidos a misericordia a asistir para llevar las buenas nuevas de salvación a los abatidos y enfermos. No sólo es compartir el plan de salvación, también es importante orar por los enfermos, familiares y personal médico y administrativo.

Martin lleva varios meses viviendo afuera del hospital, su hija se encontraba delicada de salud, nos acercamos a él y oramos. Nos dijo que sentía que Dios se había olvidado de él, pues hace seis meses perdió a su esposa y ahora su hija. El dinero se le ha acabado, perdió su empleo, estaba muy desesperado; le dijimos que la Palabra de Dios decía clama a mi y yo te responderé. El clamó y le decía: “Dios escúchame, escúchame.”
Al pasar los días le llamaron para darle la noticia que su hija había reaccionado al tratamiento y que la bacteria había sido erradicada y que en una semana la darían de alta. Martin vio la respuesta de Dios. A la semana que regresamos nos enteramos que ya se habían ido. La oración tiene poder de salvar y sanar, solo es creer que Dios hará la obra.


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