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Déjenme compartirles la Palabra de Dios

Iglesia Rayo de Luz, pastora Gabriela Garbalena Martínez
Durango, Durango

Lo que muchas veces el ser humano ve como imposible, Dios lo hace posible. Durante mi infancia, fui una niña muy feliz, no tuve carencias de nada, tuve una buena educación y una familia que se preocupó y veló por mi bienestar.

Al llegar a la juventud, comencé a conocer la libertad y me gustó, empecé a seguir el camino equivocado, el enemigo esclavizó mis pensamientos haciéndome creer que todo lo que hacía estaba bien y no afectaba a nadie.

Poco a poco fui encaminándome a una vida de muerte. Primero con el alcoholismo, posterior a ello las drogas y al final, metida en el pandillerismo. No había rastro alguno de aquella jovencita que fue educada con buenos valores en su hogar. El pecado y los vicios habían transformado y denigrado mis pensamientos y acciones.

Por 16 años el enemigo tuvo el control de mi vida hasta el día en que tuve ese maravilloso encuentro con Dios. Fue una tarde de verano muy soleada, me encontraba sentada en las bancas de una plazuela muy cercana al callejón dónde frecuentemente me reunía con los chavos de la pandilla a tomar y a drogarnos. Entonces, una mujer con un semblante que transmitía mucha paz, se acercó a mí y comenzó a hacerme plática. Aunque la verdad, no ponía atención a sus palabras, así que insistió hasta que por fin captó mi atención.

Charlamos por largo rato, me contó un poco de su vida y entre sonrisas, lágrimas y un fuerte abrazo se despidió de mí, no sin antes dejarme un folleto. Lo recuerdo muy bien: Tu adición tiene solución. Desde ese día, llegaba y me sentaba en la misma banca con la esperanza de volver a encontrarme a esa bella mujer.

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Una tarde, casi a punto de entrar la noche, mis ojos se llenaron de alegría al ver a esta mujer caminando sobre la plazuela. Mi corazón se aceleró por un rato y corrí a su encuentro. Ella se sorprendió mucho de verme, le conté lo que hacía todos los días y me comentó que había estado orando mucho por mi vida y que deseaba que pudiera conocer a Jesucristo. Entonces le pedí que me ayudara pues ya no quería seguir en las drogas ni el alcoholismo. Me invitó a asistir a su iglesia, y por un momento lo dudé, pero al final accedí.

Hoy me siento muy agradecida con Dios y con nuestra hermana Gabriela, por haberme presentado a Jesucristo como mi Salvador; ahora vivo una vida plena en Sus caminos, pues Dios me ha dado vida, y vida en abundancia. Tengo un hogar y una familia que me apoya mucho y sobre todo que me motiva a seguir adelante cada día.

Ahora acompaño a las hermanas de la iglesia a compartir el mensaje de salvación. Me siento muy contenta por los folletos que Cruzada Mexicana nos hace llegar, con su ayuda, he podido compartir la Palabra de Dios en las calles a muchos jóvenes que se encontraban en la misma situación que yo. También vamos al hospital de cancerología y estamos llegando a la cárcel de mujeres y a la procuraduría. Cada folleto es un mensaje de vida para las personas a quienes se los hacemos llegar. Hace unos días me encontré con unas personas haitianas y les hablamos de Jesus. Al principio no me entendían, pero después de regalarles el folleto Dura experiencia dejar el hogar, pude ver que habían comprendido lo que dice el folleto y se acercaron para pedirme que orara por ellos.

María de Lourdes Vargas

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