Iglesia Fuente de Agua Viva, pastor, Juan Manuel Pérez Jaime
Lázaro Cárdenas, Michoacán
Fue hace un año cuando tuve mi verdadero encuentro con Jesucristo. Anteriormente, pasé mucho tiempo buscando a Jesús en muchas iglesias, sin embargo, siempre andaba con la mirada en el hombre y no en la Palabra de Dios. Pensaba que con asistir a la iglesia y congregarme era suficiente para decir que tenía a Jesús en mi corazón y que yo era salvo. Sin embargo, un día mientras me encontraba vendiendo barritas heladas de sabores, muy cerca de la plaza conocida como La Báscula, pude escuchar a los hermanos Francisco y José Alberto hablar de la Palabra de Dios. Ellos testificaban acerca de los milagros que Jesús hace, y decían que Dios sólo pide un corazón sincero y arrepentido.
Poco a poco, me fui acercando a dónde se encontraban y me quedé atento escuchando lo que predicaban. Al finalizar me acerqué y les pedí que oraran por mí. Les dije que si Dios me sanaba -yo sufría de ataques epilépticos- y me perdonaba, entonces le seguiría y le serviría. Los hermanos oraron por mí y antes de irme, el hermano Eduardo me dio su número de teléfono junto con el folleto Su muerte es mi vida y me dijo: “Verás que mañana me hablarás por teléfono”. Por un momento creí que era broma lo que me decía.
Mi gran sorpresa fue que al día siguiente por la tarde, sí tuve deseos de marcarle al hermano Eduardo y le conté que desde que oraron por mí no me había vuelto a tener un ataque epiléptico. El hermano Eduardo me dijo. “Ves, te dije que me llamarías y es para que sepas que Dios te ha sanado”. En ese momento, doblé mis rodillas y alcé mis manos al cielo y agradecí a Dios por mi sanidad y le prometí cumplir mi promesa.
Ahora mi vida es totalmente diferente a la vida que antes llevaba. Ahora hay felicidad en mi vida, ya no he vuelto a sufrir de ataques epilépticos, y además comparto con las personas acerca del Dios de amor y de poder que me sanó y que cambió por completo mi vida y la de mi madre.
Ya es tiempo de buscar a Dios pues Su venida está cerca y Él desea que todos seamos salvos. Por ello, en toda oportunidad que tengo, comparto el mensaje de salvación con las personas, aunque a veces rechazan Su mensaje, oramos por ellos para que Dios toque sus corazones, así como lo hizo conmigo.
José Alberto Arzate Escudero

