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Esteban Lorenzo Salinas, fiel soldado de Jesucristo (2 Timoteo 2:1-13)

«Cuán hermosos son, sobre los montes, los pies del que trae buenas nuevas, del que anuncia la paz, del que trae buenas nuevas del bien, del que anuncia la salvación, del que dice a Sion: “¡Tu Dios reina!”» Isaías 52:7

Estuve trabajando con Cruzada Mexicana durante los primeros años del ministerio fundado por el Rev. Héctor Espinoza Treviño y su hermano el Rev. Samuel, primero como promotor en mi natal Oaxaca y posteriormente como supervisor.  Mi tarea era ir de casa en casa, llevando el mensaje del Evangelio a través de los folletos.

En aquel tiempo trabajábamos con los miembros de las iglesias, voluntarios. Principalmente me tocaba trabajar con iglesias en Papantla, Poza Rica y Tuxpan en Veracruz. Los pastores mismos nos recomendaban con otros porque veían los resultados, almas que se entregaban a Cristo, los jóvenes se involucraban, las iglesias crecían.

Tuve el privilegio de testificar cómo Dios iba abriendo brecha para ganar cientos de almas que no conocían Su Palabra. Los resultados fueron patentes pues hasta hoy prevalecen muchas Iglesias que surgieron como resultado de este esfuerzo evangelizador de Cruzada Mexicana.

Recorrí muchos estados, en muchos lugares no se nos quería vender el alimento por lo que a veces nos quedábamos sin comer; en otras ocasiones no nos permitían quedarnos en los pueblos y nos sacaban al monte donde pasábamos muchas noches bajo árboles, sufriendo las inclemencias del tiempo, pero con nuestra mirada puesta en el Señor Jesucristo y llenos de pasión por las almas perdidas, lo cual nos daba fuerzas para sobrellevar estas penurias.

Durante esos años, mi vida estuvo en riesgo en varias ocasiones. Recuerdo que, en Matías Romero, Oaxaca., me encarcelaron y me sentenciaron a muerte, pero me sacaron al segundo día. Dios obró de alguna forma conmigo porque a tres hermanos, sí los mataron. Además de esta ocasión, tuve varias amenazas de muerte.

Tal vez la situación más grave que viví fue en Atotonilco el Grande, Hidalgo. Iba acompañado de Víctor Hernández, otro Promotor de Cruzada Mexicana. Dejamos la camioneta y caminamos hasta el pueblo, una distancia de dos kilómetros porque no había carretera o un camino adecuado para el vehículo. Cuando llegamos, una señora estuvo discutiendo conmigo sobre la Palabra de Dios y de un momento a otro se juntó más gente para discutir y debatir con nosotros. Les decíamos que nuestra intención no era cambiar su religión sino presentarles la Palabra, que era algo voluntario si querían o no escuchar, pues no los podíamos obligar. En esa discusión nos encontrábamos cuando esta señora me arrebató mi Nuevo Testamento de bolsillo, le dije que podía quedárselo, sólo que me permitiera tomar mi licencia, pues siempre la guardaba en el Nuevo Testamento.

Estaba hablando con ella cuando sentí un golpe fuerte en la cabeza, me habían dado un machetazo lo que me tumbó, ahí sentí otro golpe. Así me levanté, y todo me daba vueltas; no podía mover los pies. Víctor había reaccionado después del primer golpe y empujó al que me golpeó primero. Eso fue lo que me libró de ser rematado ahí mismo.

Víctor no se había percatado de lo fuerte del golpe, me decía que me levantara. Entonces me vio empapado de sangre y como no podía caminar, me llevó arrastrando hasta la camioneta donde me dejó para ir en busca de ayuda. Se fue a la cabecera municipal del lugar, ahí encontró a José del Ribero, nuestro Supervisor en aquel tiempo, y ambos regresaron a buscarme para luego llevarme al Centro de Salud de Atotonilco. De ahí no recuerdo mucho, creo que eran cerca de las 6 de la tarde cuando recobré el sentido y me di cuenta de que me habían trasladado al Hospital Civil de Pachuca.

Recuerdo que la enfermera preguntó qué había pasado y cuando le dijeron que estábamos predicando, nos dijo: “se lo merecen por andar predicando esa religión.” Para ese momento, yo ya no podía hablar. Llegó al fin el Médico responsable y me cosió la herida, me dolió muchísimo, sólo sentía los jalones en la cabeza. No sé si era porque no lo hacía con cuidado, como represalia por haber testificado del Evangelio.

Cerca de medianoche comencé a recobrar el sentido. Estuve ahí dos días y después la Contadora de Cruzada Mexicana, hermana María de los Ángeles Silva, decidió que era mejor trasladarme al Seguro Social de Pachuca para recibir una atención más profesional. Allí permanecí por tres meses, porque no podía recuperar el habla ni el movimiento de mi mano izquierda. Ahí me hicieron una tomografía y descubrieron que tenía el cráneo sumido y estaba oprimiendo mi cerebro.

El Médico a cargo de la Especialidad de Traumatología, habló conmigo y me dijo que necesitaba una operación muy delicada, que existía la posibilidad de quedar bien pero también existía la posibilidad de quedar paralítico para siempre y con ataques epilépticos.

No podía hablar bien, pero podía darme a entender y le dije que mi vida estaba en las manos de Dios y que Él decidiría lo que pasaría con ella. Le pedí que siguiera adelante con la operación. Ese mismo día, por la noche me fueron a ver unos doctores, ya grandes de edad. Me hicieron caminar, pronunciar unas palabras y otros ejercicios más. Al terminar me dijeron: “Señor, lo que estamos viendo es un milagro, usted realmente no necesita la operación, necesita mucho reposo.”

La siguiente mañana, el doctor a cargo de mi caso fue a verme y me dijo que la operación ya no se llevaría a cabo, los médicos especialistas comentaron que estaba evolucionando muy bien. Me dieron de alta al día siguiente.

Al salir, la hermana Gloria Silva, ya entonces a cargo del ministerio de Cruzada Mexicana, me llevó a su casa, no recuerdo cuanto tiempo, pero allí me recuperé totalmente. Muchas iglesias pedían que fuera a dar testimonio de lo sucedido. El médico me había dicho que no debía forzarme y caminar mucho, tampoco hablar o tendría ataques epilépticos. Gracias a Dios, nunca tuve esos ataques. En dos ocasiones perdí el conocimiento, pero en menos de un par de segundo me había recuperado. Yo tenia claro que era mi obligación testificar que Cristo tiene poder para sanar, pero mucho más poder para salvar a quienes le buscan de corazón.

Pero en mi vida no tuve sólo momentos de lucha y prueba, Dios también me ha regalado hermosas experiencias. Cuando ya no pertenecía a Cruzada Mexicana, me involucré mucho en el ministerio de la Primera Iglesia Bautista de Oaxaca.

Recuerdo que fue en Tlacotepec, después de un temblor que abrió los cerros. La Primera Iglesia Bautista de Oaxaca me pidió que fuera a supervisar el trabajo que se hacía para la distribución de las despensas que se habían mandado. Me mandaron en avioneta, cuando llegué me identifiqué como enviado de la PIB Oaxaca, me comentaron cómo se hacía el reparto de despensas y me asignaron un cuarto para pasar la noche. La segunda noche, mientras ponía mi grabadora para escuchar himnos y mensajes de la Palabra, se me acercó un hombre, me preguntó si yo era cristiano. Le dije que sí y entonces me llevó a su casa para que pudiera descansar mejor. Me dieron de cenar, él y su esposa y fue ahí platicando que les pregunté cómo es que había llegado el evangelio a ese lugar.

La hermana me respondió: “Por dos jóvenes que vinieron a repartir folletos, mi papá creyó y aceptó a Jesús en su corazón entonces les dio alojamiento por dos días mientras recorrían el lugar. Al tercer día, se reunió el pueblo mientras estaban repartiendo sus folletos y los quisieron detener, pero ellos corrieron y se fueron. Cuando mis papás vieron lo sucedido también huyó con sus hijos. Aquí no había ningún creyente, pero nos habían recomendado ir hasta Arenal, un pueblo a 5 horas de camino donde había una iglesia Presbiteriana. Tiempo después llegaron los hermanos pentecostales y nos unimos a ellos. Mire, aquí tengo todavía el folleto”.

Entonces reconocí ese folleto que ya estaba amarillento por lo viejo. Recordé que yo era uno de esos jóvenes que habían hablado con sus padres. El papá nos había subido a su camioneta entre el maíz para salvarnos de la turba que nos perseguía. Con gozo el hermano que me había invitado a su casa, me dijo que esa noche tenía que predicar a su congregación y testificarles de las maravillas que Dios había hecho en mi vida. Estuve con ellos 3 semanas, la iglesia se reunía y llamaban a más gente hasta que se llenó el templo. Me pidieron que me quedara de pastor. Un hermano me dijo: “¡Si supiera el precio que usted vale, lo compraba!” Me di cuenta de que la Palabra de Dios nunca regresa vacía y lo que había sufrido no había sido en vano.

Me decía la esposa de este hermano: “Ya se me hacía usted conocido. Usted evangelizó a mi padre y a mi madre. Yo era muy pequeña, pero mire ahora la iglesia que hay aquí. Cuando usted quiera, aquí lo recibimos.” Era una iglesia de cerca de 300 personas. Lloraron cuando me fui, sólo les dije: “encárguense se extender el evangelio a los pueblos que aún lo necesitan.”

Algo similar en Michoacán, varias familias creyeron cuando repartíamos folletos y los dejamos a cargo de las iglesias cercanas. A veces quisiera hacer un recorrido para ver qué ha pasado con esas familias. Dios me ha bendecido, no porque yo sea bueno. Me sostengo con los trabajos que tengo y con eso sigo en la obra, siempre recibo ofrendas para la gasolina o la comida. A pesar de cualquier problema o circunstancia de mi vida, sigo haciendo mi parte.

Ruego en el nombre del Señor Jesucristo, a cada persona que esté leyendo estas líneas, que oren porque Dios levante más y más cristianos que abracen la visión de Cruzada Mexicana en cada Hogar. Hoy más que nunca es necesario que la gente conozca al Señor Jesucristo y sepa del sacrificio eterno que hizo, entregando Su vida para que nosotros fuéramos justificados ante el Padre Santo. Hay muchos mexicanos que todavía no han escuchado este mensaje de salvación y nosotros somos responsables de llevarles la luz de Cristo. Que Dios los bendiga y sigamos adelante hasta que el Señor venga por Su Iglesia.

7 comentarios sobre “Esteban Lorenzo Salinas, fiel soldado de Jesucristo (2 Timoteo 2:1-13) Deja un comentario

  1. Dios siga usando y bendiciendo su vida mi amado hermano Esteban Lorenzo Salinas, fiel Guerrero de Jesucristo, hermosos son los pies del que siembra la preciosa semilla. Bendiciones y a todo el misterio de cruzada mexicana.

  2. Dios bendiga la vida del hermano Esteban un soldado de Jesucristo que ha confiado en el Señor para llevar la palabra de Dios

  3. Disculpa tenia un contacto en costa rica que nos donava tratados , pero ya no esta en costa rica , como pudiera conseguir de sus tratados

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