Iglesia El Buen Samaritano, pastora Delia Aranda Martínez
Zapopan, Jalisco
Las calles de Zapopan y Guadalajara, están llenas de personas indigentes que tienen diversas historias. Personas que muchas veces causan miedo y repulsión
Durante los festejos navideños, les llevamos un detalle a través del mensaje de la Palabra de Dios. Les obsequiamos una cajita de Navidad, ropa, comida y, sobre todo, les compartimos del amor de Dios a sus vidas.
Pablito, de 78 años, proviene de una de las familias de Guadalajara de un estatus social alto. Sus hijos, como no podían cuidar de él, lo llevaron a un asilo. Él se escapó y hoy prefiere comer y vivir en la calle.
Varias personas de la ciudad confirman que Pablito era un hombre trabajador y adinerado. Nadie se explica cómo terminó de indigente. Le hablamos del amor de Dios y oramos con él para que pudiera alcanzar la salvación.






Gerardo llegó a México de paseo como turista, le gustó México y se quedó a vivir aquí. Le iba muy bien hasta que cayó en la drogadicción y perdió todo lo que había logrado. Al quedarse en la calle, se fue a vivir debajo de un puente, dónde sufre hambre, frío y enfermedad. Ya no puede caminar, su salud es crítica, sufre de úlceras que se le hacen llagas.
Él no puede regresar a su país con su familia porque lo perdió todo y ahora está inválido. Le compartimos la cajita de El Regalo de Salvación y le leímos los folletos Navidad en el corazón, Feliz Navidad y La luz que brilla en la oscuridad. Oramos por él y seguimos visitándolo.
Estos son algunos testimonios de personas que han sido olvidadas por sus familias y por la sociedad. El único que se acuerda de ellos es el Señor Jesús, quien nos envió para recordarles el mensaje de amor que se realizó a través de la cruz del Calvario. Hay mucha gente que necesita oír las buenas nuevas de salvación.


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