Sirvo café y así demuestro cómo Dios me ama

La Iglesia en la Ciudad, pastor Jonathán Christofer Vara Romero
Nezahualcoyotl, Estado de México

Me llamo Héctor Alfonso Reyes, pero todos me conocen como el “Teto”. Me da mucha vergüenza hablar sobre mi vida, pero quiero platicarles lo que he vivido, y los cambios que Dios ha hecho en mi corazón y sobre todo, de dónde me ha sacado.

Desde niño viví violencia en mi familia, una familia desintegrada, totalmente destruida. Mi madre fue vendida por su dizque papá por unas cuantas botellas de alcohol a un hombre quizás 25 años más grande que ella, el cual la golpeaba y humillaba. De esa unión nacimos mi hermano y yo, bajo ese mismo estilo de vida. Cuando tenía unos 7 años, mi padre murió de cirrosis, dejando a mi madre en la calle. Creímos que quizás todo iba a mejorar, pero mi madre a los pocos días se juntó con otro hombre, el cual no sólo nos golpeaba por todo, abusó de mí y me fui a las calles a la edad de 9 años. A partir de allí, ya nunca supe más de mi madre y mi hermano.

En la calle, comencé a vivir pidiendo algo de comer, todos me rechazaban, algunas pocas personas me daban algo, y así mi vida fue ir de una colonia a otra, y comencé a robar. Me empezó a ir “mejor” y a la edad de 17 años ya era un ratero y las malas amistades no faltaban.

Un día me ofrecieron alcohol y lo rechacé porque no quería ser como mi abuelo, ni como mi padre y menos como mi padrastro. Pero lo que son las cosas, no rechacé las drogas, y pues, con lo que robaba me alcanzaba. Empecé a dejar de robar y de tener dinero, entonces empecé a usar el solvente de pegamento, el “PVC”, un inhalante más barato. Este me calmaba el hambre y me sumergía en una fantasía en la que todo se me olvidaba, y así pasaron años. La calle era mi casa, los perros y la pandilla del escuadrón de la muerte eran mi familia, y vivía sólo un día a la vez.

Un día, hace unos pocos meses, llegó un señor gordito, “Sonrisas” lo nombramos. Comenzó por invitarnos una torta y nos traía un folleto que yo sólo se lo aceptaba para que me diera la torta. En la calle, a pesar de no haber tenido la oportunidad de estudiar, aprendí a leer un poco y a contar para que no me hicieran tonto.  Más adelante, este señor venía con más personas y luego me enteré de que le decían: “El pastor”.  Yo veía a estas personas felices y eso me molestaba, pero dentro de mí también quería saber que se sentía lo que ellos tenían.  Pero, mi orgullo era más grande que mis ganas de ir a ver; mi dicho favorito era: “El hambre me tumba, pero el orgullo me levanta”, con lo que quería decir que por el hambre los escuchaba y recibía el folleto.

Una tarde, me quedé afuera del mercado, estaba bien drogado y empezó a llover muy fuerte.  Me desperté con muchísimo frio y sentí que me moría. Como pude me fui a un pequeño techo con un foquito y me puse a llorar. Entonces me acordé de los folletitos, que, según yo no los quería, pero los había guardado en una bolsa de plástico por si los hermanos me preguntaban. 

Lo primero que alcancé a entender fue la frase Dios me ama; Leí esa frase por varios minutos; era sábado y el domingo sería al día siguiente y yo no quería dormirme y que se me fuera a pasar el día de la reunión. No perdía nada, fui y me dormí afuera de la iglesia. Al día siguiente, me hablaron los hermanos, y pensé que me iban a correr, pero en lugar de eso, me invitaron a desayunar y cuando llegó el pastor, le pedí que me dejará quedarme a la reunión. Me sentó adelante con él a pesar de mi mal olor y mi aspecto. Por primera vez en mi vida me sentía aceptado.

No ha sido fácil, acepté ir a un lugar de restauración y ahora mi vida ha tenido un cambio radical.  Gracias al Pastor Jonatan Vara y su amor por rescatar a las almas perdidas de la calle, he salido de esa terrible condición.  Ahora me uno a los hermanos y al pastor y juntos vamos a repartir pan y café afuera de los hospitales.  Yo no habló muy bien, me da pena que me vean o me oigan, pero si puedo servir café para todos y demostrar que Dios me ama. Yo también quiero compartir que Jesucristo salva y transforma la vida del hombre.  Además, no me pueden faltar los folletos Agua para todos y Dios me ama para repartir.

Se parte de este ministerio

One response to “Sirvo café y así demuestro cómo Dios me ama”

  1. Oramos por Teto, que Dios lo fortalezca y sea para Él el Padre y Amigo que nunca tuvo, pues sólo Jesucristo es fiel y verdadero.

Descubre más desde CRUZADA MEXICANA

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo