Iglesia Cristo te ama, pastor Caro Flores Gabino
San Ignacio, Nayarit
Era una tarde como cualquier otra en San Ignacio, Nayarit. Un grupo de creyentes predicaba el evangelio en un lugar público, compartiendo el amor de Dios con quienes pasaban. Ahí estaba Rubén, un hombre de la Ciudad de México que se encontraba trabajando en la zona. Al principio sólo observaba a la distancia, pero pronto su corazón fue siendo atraído por las palabras que escuchaba.
Rubén no se alejó en ningún momento. Escuchó con atención cada testimonio, cada versículo y cada promesa de Dios. Había algo en ese mensaje que le hablaba directamente al alma, como si hubiera sido preparado sólo para él.
Cuando la predicación terminó, me acerqué a Rubén. Sentí en mi espíritu que Dios quería hacer algo grande en su vida, así que le pregunté: ¿Te gustaría que orara por ti?. Él asintió con la cabeza.
Mientras orábamos, presenté su vida delante de Dios y clamé por su familia, por su trabajo y por su corazón. Pedí que el amor de Dios lo llenara, y que toda atadura de rechazo y maldiciones generacionales fueran rotas en el nombre de Jesús.

Fue en ese momento cuando las lágrimas comenzaron a rodar por su rostro. No podía contenerlas. Dios había tocado su corazón de una manera profunda. Sin dudarlo, lo abracé, y en ese abrazo él siguió llorando, dejando que la sanidad de Dios lo inundara.
Cuando terminamos, lo animé a buscar una iglesia cercana, a congregarse, y a seguir conociendo al Dios que acababa de tocar su vida.
Rubén se fue diferente a como llegó. Algo en su interior había cambiado. No sabemos qué más hará Dios en su vida, pero estamos seguros de que este fue sólo el comienzo de una gran transformación.


