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En el folleto comprendí cuán importante es la familia para Dios

Iglesia Catedral del Huerto, pastora Leticia Alcaraz Cruz
Tecomán, Colima

A la edad de 16 años tuve la oportunidad de conocer la Palabra de Dios. Unos hermanos quienes asistían a nuestra colonia realizaron una escuelita de verano, la cual tuvo una duración de 8 días; invitaron a todos los niños y adolescentes de la colonia. Al término de este curso de verano, siguieron teniendo contacto con mi abuela y en su casa se hacían reuniones un día a la semana. En lo personal, a mi no me gustaba, pues sentía que no era correcto; en mi familia nos habían enseñado todo lo relativo a la religión católica. Además, me di cuenta cómo en mi casa empezaban a haber problemas entre mis padres porque mi mamá si estaba interesada en saber y conocer mas de la Palabra de Dios y a mi papá no le gustaba que lo hiciera.

Pasó el tiempo y las hermanas por razones desconocidas dejaron de asistir a casa de mi abuela y todo volvió a la normalidad. No obstante, la Palabra de Dios ya había quedado sembrada en nuestras vidas. Años después conocí a quien ahora es mi esposo, Alejandro, en un centro de rehabilitación que se encontraba muy cerca de donde vivimos. Desde un principio me hizo ver que era Cristiano, cada vez que tenía oportunidad, me hablaba de la Palabra de Dios, pero yo seguía renuente e interponía ante todo lo que me decía mis costumbres religiosas.

A pesar de todo, nos casamos y formamos un hogar. Nunca me opuse a su decisión de buscar a Dios y en ocasiones lo acompañaba a la iglesia, pero lo hacia simplemente para agradarle y para mantener cierta armonía.

Dios nos dio la bendición de tener 2 hijos y fue en este momento cuando nuestro hogar se empezó a convertir en un campo de batalla. Las discusiones eran de cada día, principalmente por la educación religiosa de los niños; yo deseaba bautizar en la iglesia católica a mis hijos y mi esposo se oponía a ello y en respuesta, yo no dejaba que mis hijos asistieran a la iglesia con su padre.  Inclusive, me decidí llenar la mente de mis hijos con la idea de ponerlos en contra de él.

Una mañana, mientras me encontraba haciendo las compras en el mercado, una persona se me acercó y me regaló el folleto La familia lo es todo.  Me sorprendí de ver que la dirección que traía el folleto era la de la iglesia a la que mi esposo asistía. No le di importancia en ese momento, pero por la tarde, mientras me encontraba buscando unas cosas en mi bolsa, encontré el folleto y la curiosidad entró en mí. Comencé a leerlo, y fue a través de este el que pude comprender cuán importante es para Dios la unidad familiar. El gran Creador, nuestro Dios Padre, instituyo la familia en las sagradas escrituras y aprendí que los hogares felices sí existen, siempre y cuando, nos dejemos guiar por Su Espíritu Santo.  En el folleto aprendí que en nuestra familia podíamos vivir en armonía y yo quería esa paz. Las oraciones de mi esposo, quien por mucho tiempo estuvo rogando a Dios por mi vida, ¡al fin fueron contestadas!  Nuestra vida familiar, fue mejorando poco a poco, cuando invitamos a Jesucristo a nuestro hogar. Ahora, a través de este acto de fe por medio del bautismo, estoy declarando de manera pública mi dependencia total en Jesucristo. Hice una oración de fe para que Él entrara en mi vida y en mi hogar; para que sea Su presencia la que gobierne nuestras vidas y nos instruya bajo las promesas que están escritas en Su Palabra.

Hemos experimentado muchas bendiciones de acuerdo con las promesas de Dios que se encuentran en la Biblia y que son dadas a quienes confían plenamente en él.

Araceli Soto

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  1. Ciertamente, en los hogares donde se ha invitado a Dios para ser guía de la familia, las pruebas y luchas lógicas de esta vida, se hacen muy llevaderas porque Él nos ha prometido estar siempre con nosotros y que nunca nos dará situaciones que no podamos superar: “No os ha sobrevenido ninguna prueba que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser probados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la prueba la salida, para que podáis soportarla”. 1 Corintios 10:13.

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