Aquí escuché por primera vez que Dios es real

Iglesia Bajo las Alas del Altísimo, pastor Juan Gallegos
Arteaga, Coahuila

Mi nombre es Mario, vengo de una familia en la que mis padres siempre estaban ocupados trabajando para darnos a mi hermana y a mí lo mejor en cuanto a una vida económica estable. Teníamos una buena casa, carros, viajes, ropa, lujos que cualquiera quisiera tener. Pero mis padres siempre estaban ausentes, estábamos abandonados, y crecí sin saber que Dios existe. 

Hablar de Dios era hablar de religión pues nunca me enseñaron de Él y para mí, Dios no existía, no era más que una leyenda, un mito. 

Al sentirme solo y vacío, comencé a introducirme en el mundo de las drogas. A la edad de 15 años, cuando me sentía mal e incomprendido, me drogaba.  Después me drogaba porque sentía la necesidad de la droga, pero como ya no me alcanzaba el dinero, me relacioné con personas malas y comencé a cometer delitos.  Me compré un arma, salía y asaltaba y robaba en la calle y en las casas. Mi familia no sabía lo que hacía, hasta que en mi desesperación un día, sin darme cuenta, intenté asaltar a mis propios padres.

Fue entonces que mis padres se dieron cuenta que yo estaba involucrado en las drogas. Me reconocieron en el asalto, y fue un momento triste para mi familia.  Por tal motivo, llegué a este Centro de Rehabilitación. Aquí escuché por primera vez y experimenté que Dios existe, que Dios no es una leyenda o una fábula que alguien se inventó. Dios es nuestro Salvador, el que creó el mundo y el universo, el que creó a la humanidad.

Aquí en este lugar experimenté el amor de Dios y gracias a las hermanas que vienen, conocí al Señor Jesús y he recibido a Jesús en mi corazón.

Desde mi estancia en este lugar he tomado dos cursos de discipulado, El camino de la felicidad y El camino a la victoria.

Agradezco a Dios y a este grupo de mujeres que cada semana, con mucho amor y paciencia, nos brindan su tiempo y se dedican a enseñarnos y a orar por nosotros.  El amor que tienen por Dios y por nosotros no sólo se refleja, sino también se siente.  Mi deseo es que mi familia, que se ha olvidado de Dios, pueda conocerlo y tenga un encuentro con El Salvador.  Agradezco al ministerio de Cruzada Mexicana por estos discipulados que nos brindan, yo ya tengo mis dos diplomas de haber concluido y espero seguir conociendo más de Dios.

Arminda Valdez Torres

Se parte de este ministerio

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