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Antes me burlaba, ahora me bautizo y trabajo en la obra

Iglesia Oasis de Esperanza, pastor Carlos García García
Mazatlán, Sinaloa

Puedo decir que en mi vida de matrimonio era muy feliz. En mi hogar todo era dicha y alegría, concebimos 2 hermosos hijos como fruto de nuestro amor. A pesar de no conocer de Dios, sentíamos que nada nos hacía falta.  Tenía una esposa a quien amaba y dos bellos hijos. Hasta el día en que lamentablemente mi esposa, a causa de una enfermedad, perdió la vista y junto con eso se iniciaron una serie de complicaciones en nuestras vidas.

En medio de todos estos cambios en nuestras vidas, mi esposa conoció de Dios y comenzó a acercarse a Él.  Ella tomó la decisión de congregarse en una iglesia, para lo cual yo tenía que llevarla y recogerla después de sus actividades. Nunca me quedaba con ella. De manera obligada, mi hijo mayor acompañaba a mi esposa. Yo siempre criticaba a los cristianos, les llamaba el Club de los hipócritas.

Con el tiempo y la carga de trabajo, se me fue haciendo complicado llevar a mi esposa hasta la iglesia, así que, decidí buscar una mas cercana para ahorrar tiempo.  Sin embargo, mi actitud hacia los hijos de Dios no cambiaba, era la misma.

Todo fue así, hasta el día en que Dios comenzó a tratar conmigo fuertemente y caí en cama muy enfermo. Los médicos nunca encontraron la causa de mis malestares. Cierto día recibí la visita del pastor Carlos García, quien fue movido por Dios para ir y llevarme la Palabra de Salvación y ese mensaje de amor. El no desistió en sus visitas, hasta hacerme comprender el propósito que tenía Dios conmigo. Entonces comprendí que Dios era quien estaba hablando a mi vida y tratando conmigo.

Una tarde que el pastor me visitó, sintió en su corazón orar por mí y después de leer un poco la Palabra de Dios comenzó a clamar a Dios, al grado de que al terminar la oración todos mis malestares y dolencias desaparecieron. Entendí entonces que era Dios quien me estaba dando una oportunidad de conocerlo y servir en Su obra.

Es tan hermoso poder compartir esta felicidad que ahora siento al entregarme por completo a Dios, reafirmando mi compromiso con Él, en Su obra, a través del bautismo. La dicha que hay en mi es algo indescriptible, pues su infinito amor y misericordia siempre estuvo presente en mi vida, a pesar de que antes de que Él tratara conmigo, yo lo rechazaba, y me burlaba de Él.

Hoy me he incorporado a los trabajos de reconstrucción de la iglesia donde muchas veces llevé a mi esposa y me burlé de mis hermanos.

Francisco Saavedra

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