Unas vacaciones que cambiaron nuestras vidas

MIAVAC Central, pastor Arturo Cruz Martínez
Acapulco, Guerrero

En nuestras vacaciones, nuestras vidas cambiaron para siempre. Todo comenzó cuando, como cualquier pareja común, estábamos buscando unas vacaciones de sol y arena en el hermoso puerto de Acapulco. Nos sumergimos en la tranquilidad de la playa, con la brisa marina acariciando nuestra piel y el sol pintando nuestros días de un dorado resplandor. Pero entre el murmullo de las olas, una voz se hizo eco en nuestros corazones.

Una señora se acercó a nosotros con un brillo en sus ojos y una calidez en su voz que inmediatamente nos atrapó. Nos habló sobre el significado más profundo de la Semana Santa, el sacrificio de Jesucristo por amor a la humanidad. Nos contó cómo cada momento de esa Semana Santa encerraba un mensaje de redención y esperanza para todos nosotros.

Sus palabras resonaron en lo más íntimo de nuestro ser. En medio de la belleza del paisaje, fuimos confrontados con la verdad de que había algo más grande que esperaba nuestra atención. Estábamos frente a una encrucijada espiritual, y tomamos una decisión que cambiaría nuestras vidas para siempre.

Antes de irse esta amable señora nos regaló el folleto: Su muerte es mi vida. Leerlo fue el causante de que decidiéramos dejar atrás las diversiones de las vacaciones y buscar algo más significativo. En lugar de prolongar nuestra estancia en el paraíso terrenal de Acapulco, regresamos a casa con un nuevo propósito en mente: reconciliarnos con Dios. Nos dimos cuenta de que nuestras almas anhelaban algo más que placer temporal, anhelaban una conexión eterna con el Creador.

Desde entonces, nuestras vidas han dado un giro radical. Hemos experimentado una paz que trasciende todo entendimiento y una alegría que no puede ser arrebatada. Nos hemos sumergido en la gracia de Dios y hemos encontrado un propósito que va más allá de nuestras propias ambiciones terrenales. Todo comenzó con una simple conversación en la playa, pero esa conversación fue el catalizador que nos llevó a un encuentro transformador con el amor de Dios. Ahora, estamos agradecidos por cada momento de esa experiencia en Acapulco, porque fue allí dónde encontramos el camino hacia la vida abundante que siempre habíamos anhelado.

Inés Reyes

Se parte de este ministerio

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