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EtiquetaLA VIDA ASOMBROSA DE JESUCRISTO

¡No tengo cáncer, Dios me sanó!

Ahora doña Esperanza ha aceptado a Jesucristo como su Salvador y está acudiendo a las reuniones de mujeres que realizamos en la congregación y está por integrarse a un grupo de discipulado muy cerca de su hogar.

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