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Oremos que Dios la sane y termine la buena obra en ella

Iglesia El Buen Pastor, pastora Abigail Maldonado
Xalapa, Veracruz

Soy una pastora misionera, mi esposo y yo salimos a predicar con una bocina por las calles de la Colonia Cardenista, entregando folletos a las personas que nos permiten acercarnos. 

En cierto momento, una mujer de nombre Lourdes García Enríquez, salió a nuestro encuentro y le compartimos el plan de salvación de nuestro Señor Jesucristo. Le entregamos el folleto Alabemos al Señor, y le explicamos por qué debemos alabarlo. Ella nos platicó que su esposo la abandono con sus hijos muy chicos y se frustró mucho; lo poco que le habían enseñado de Dios, no fue suficiente y perdió su fe. 

Reconoció que separarse de Dios fue el peor error que había cometido en su vida y pidió perdón al Señor. Entonces, después de hablar y compartir con ella palabras de esperanza para su vida, llamó a su hija para que también escuchara.  Ambas, recibieron a Cristo en su corazón como su único y suficiente salvador y continuamos dándoles la Palabra y orando juntos.

Ahora, con Cristo en su corazón, Lourdes tiene paz, esperanza y muchas ganas de vivir hasta donde Dios se lo permita, caminando y confiando sólo en Él.  

Lamentablemente, tuvo que ir a la ciudad de México pues se enfermó y fue a tratarse por las facilidades que se le presentaron. En la ciudad, ella tiene más hijos y la están apoyando en lo económico y facilitando trámites.

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Un comentario sobre "Oremos que Dios la sane y termine la buena obra en ella" Deja un comentario

  1. Alabar a Dios significa reconocerlo en toda Su grandeza y decirle con nuestras propias palabras lo que Él significa para nosotros. Al reconocer que Dios es nuestro Padre celestial, nuestro Amigo, nuestro Consejero, nuestro Consolador, el que nos dice que no estamos solos, sino que contamos con Él para refugiarnos en Sus brazos cuando nos sentimos abatidos, desesperanzados, decepcionados o traicionados por aquellos en quienes hemos confiado. Dios nunca nos falla. Él siempre nos recibe con los brazos abiertos, porque cuando lo recibimos, como la Sra. Lourdes y su hija, de todo corazón, nunca más nos sentiremos abandonados.
    Te invitamos a experimentar este llamado que Dios hace hoy a tu vida.

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