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Los pasos de un misionero

Bochil, Chiapas, 2020

«En mi corazón ardía un fuego de ir a esos lugares donde no se había predicado la Palabra de Dios…»

En el año de 1975, el hermano Jorge Rojas Flores de 18 años de edad conoció Cruzada Mexicana en cada Hogar. Lo invitaron a ser parte del ministerio junto al hermano Victorino. Los dos fueron reclutados para iniciar la evangelización en esta región de Bochil y sus alrededores en el estado de Chiapas, dirigidos por el hermano Antelmo Rodríguez, quien supervisaba el trabajo.

En mi corazón ardía un fuego de ir a esos lugares donde no se había predicado la Palabra de Dios. En esos tiempos eran muy escasos los folletos y las Biblias para anunciar las buenas nuevas de salvación.

«tres días a pié en medio de las montañas…»

Recuerdo que en una mañana del mes del octubre vi al hermano Antelmo con un grupo de hermanos predicando de casa en casa. Me apasioné del trabajo que estaban realizando y le dije al hermano Antelmo: Yo quiero ser parte de ustedes para sembrar la preciosa semilla del evangelio de Jesucristo en estas comunidades.

Tenía un año de haber recibido a Jesucristo como mi Salvador. Fue de mucha bendición para mi vida Cruzada Mexicana, desconocía muchas cosas de la Palabra de Dios, pero mi corazón anhelaba compartir Su Palabra.

La primera comunidad donde iniciamos la evangelización fue Pomilho, Chiapas. Caminamos por muchas veredas para llegar a este lugar porque en ese tiempo no había carreteras para ir en carro, bueno, ni carro teníamos. Antes de llegar a esta comunidad, el hermano Antelmo me dijo: «Antes de iniciar la evangelización de cualquier lugar tenemos que orar para que sea el Señor quien nos use como instrumentos para su obra. El inicio no fue fácil, estas comunidades se rigen por usos y costumbres, algunos nos rechazaban, y otros recibían el mensaje de Jesucristo.

«Para mi, los folletos son un gran tesoro…»

Cuando encontrábamos uno de nuestros folletos tirados en el suelo, aun enlodados, los recogíamos y lo limpiábamos. Por mi mente pasaba el gran esfuerzo que hacían los hermanos de Cruzada Mexicana para imprimirlos y enviarlos a estas comunidades. Confiábamos en Dios, que Él utilizaría estos folletos para levantar Su obra en esta región olvidada por muchos, pero no para Cristo.

«Me han dicho que no me acerque a ustedes porque tienen una enfermedad contagiosa, pero yo creo que ya me contagié. Quiero entregar mi vida al Dios que ustedes predican.»

Doy gracias a Dios y a Cruzada Mexicana porque el Señor nos usó para Su honra y gloria. Al mismo tiempo que trabajábamos también recibíamos los cursos por correspondencia sobre como presentar a Cristo a las personas. Aprendíamos y enseñábamos.

En una de las comunidades que visitamos nos dijeron que eramos como una lepra porque andábamos contagiando a las personas de cosas extrañas. De pronto, una persona se nos acerca y nos dice: «Me han dicho que no me acerque a ustedes porque tienen una enfermedad contagiosa, pero yo creo que ya me contagié. Quiero entregar mi vida al Dios que ustedes predican.» Este varón de nombre Mariano fue discipulado con el material que nos enviaba Cruzada Mexicana; continuó los pasos de Jesucristo. Después de varios años me enteré que era pastor de una congregación en el poblado Petalcingo, Chiapas.

También recuerdo que hacíamos viajes misioneros de hasta 3 días a pie en medio de las montañas para llegar a una comunidad. Tardábamos hasta un mes en la selva Lacandona predicando la Palabra de Dios en las rancherías y aldeas. Dios iba con nosotros realizando muchos milagros y formando nuevas misiones que hasta el día de hoy son congregaciones que se mantienen vigentes predicando las buenas nuevas de salvación.

Como testimonio, aquí menciono algunos de los lugares donde actualmente hay iglesias y misiones, fruto de la semilla sembrada con la literatura de Cruzada Mexicana desde aquellos años: 5 misiones en el municipio de Ixtapa; la iglesia más grande se encuentra en la comunidad El Nopal, 4 misiones en el municipio del bosque; la iglesia más grande se encuentra en Chavejeval, pueblo Tzotzil, comunidad Guadalupe Victoria, municipio de Simojovel, la tierra del ámbar y sé que hay muchas otras que ahorita no recuerdo.

El Pastor Javier López, colaborador de Cruzada Mexicana, es también fruto del trabajo realizado años atrás. Cuando vino a visitarme y me dijo: «Le traigo este presente de Cruzada Mexicana» mi corazón se llenó de gozo al saber que todavía existen, que la semilla que Dios les confió a aquellos hombres y mujeres de aquel entonces continúan dando frutos. ¡Mi corazón se regocijó en Dios!

Tengo 62 años, mi salud se ha deteriorado y esto me impide salir a las comunidades para continuar con la Gran Comisión. Me han dializado y necesito de un riñón. Pero, ¡mi Redentor vive y mi confianza está en el Señor!

Aunque han pasado más de cuarenta años, siempre los llevo en mi corazón porque Cruzada Mexicana fue el instrumento que Dios utilizó en mi formación como discípulo de Cristo y me dio las herramientas para pregonar el mensaje de Jesucristo. Dios los bendiga, les envío un fuerte abrazo de este humilde servidor.

Rodolfo Silva Ver todo

Diseñador Gráfico

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