Iglesia Metodista Bethel, pastora Martha Esther Espinoza Solís
Chihuahua, Chihuahua
En el año 2013, una mujer llamada Carmelita llegó al reclusorio, cargada no solo con su historia personal, sino con una semilla profunda de encontrar algo más. Fue allí, tras los muros del encierro dónde conoció al Señor y le rindió su vida. Desde ese instante, su historia cambió por completo.
Cada sábado, cuando llegábamos al reclusorio a compartir la Palabra de Dios, Carmelita estaba ahí, siempre puntual, con su Biblia en mano y el corazón abierto. Su rostro reflejaba una paz que sólo el Señor puede dar. En los tiempos de alabanza, era evidente su entrega, adoraba a Dios con todo su ser, levantando sus manos con lágrimas, agradeciendo por la nueva vida que había encontrado en Jesús.
El sábado en que concluimos el curso de discipulado Camino a la Victoria, recibimos una noticia que nos llenó de tristeza: Carmelita había partido a la presencia del Señor. Su corazón no resistió más, y Dios la llamó a su descanso eterno. Nos dolió profundamente su partida, porque era una luz dentro del reclusorio, animaba a las nuevas internas a asistir a los estudios bíblicos y siempre tenía una palabra de aliento y una sonrisa para compartir.
Y ahí, en medio de nuestro dolor, celebramos su victoria. Porque así como el curso lo expresa, Carmelita caminó hacia la verdadera victoria: La vida eterna con Cristo. Aunque no pudo recibir su diploma físicamente, sabemos que su recompensa en el cielo ha sido mucho mayor.
Ese día, junto con otras 75 reclusas que también concluyeron el curso, levantamos la voz y gritamos su nombre tres veces, mirando al cielo. Y al final, entre lágrimas y sonrisas, aplaudimos con fuerza, sabiendo que Carmelita estaba celebrando desde la eternidad.
Su vida nos dejó una lección que jamás olvidaremos: No importa dónde estés ni cuál sea tu pasado; si decides buscar a Dios, Él te transforma, te sostiene y te lleva a la victoria. Damos gracias a Dios por la oportunidad de seguir compartiendo Su Palabra, aun en los lugares más difíciles, porque ahí, como lo hizo con Carmelita, Él sigue escribiendo historias de salvación, libertad y vida eterna.

