En la prisión encontré luz para mi vida

Sembradores de Esperanza, pastora Yesenia Enríquez Sustaita
General Escobedo, Nuevo León

Quiero compartirles cómo mi vida dio un giro inesperado cuando me vi envuelta en una operación ilegal en una clínica estética. Soy de profesión, una talentosa anestesióloga; trabajaba en una clínica clandestina dónde se practicaban liposucciones sin los permisos adecuados ni la debida acreditación. La clínica operaba en las sombras, sin preocuparnos por la salud ni la seguridad de las pacientes.

Un día, una de las mujeres que había llegado a la clínica para someterse a una liposucción, sufrió un paro cardíaco durante el procedimiento y trágicamente falleció. La noticia de este incidente no tardó en llegar a oídos de las autoridades, y pronto se giraron órdenes de aprehensión para todos los involucrados en esta operación ilegal. Mi esposo, el dueño de la clínica y yo fuimos acusados de homicidio, además de otras infracciones relacionadas con la falta de licencias y estándares de higiene en la clínica.

Fuimos recluidos en diferentes penales, separados por los muros que simbolizaban nuestro castigo y una nueva morada. Mientras enfrentaba las consecuencias de mis acciones, me encontraba luchando con mi propia conciencia. La culpa y el remordimiento me atormentaban, sabía que había participado en algo terrible.

Pero en medio de la oscuridad de esta situación, comenzó a llegar a mí una luz de esperanza por medio del ministerio Sembradores de esperanza, con quienes tuve un primer acercamiento a través del folleto El príncipe de la libertad.

Fue en este punto de mi vida que tomé una decisión que me cambiaría para siempre. En mi celda, en el Reclusorio Femenil del Estado de Nuevo León, busqué el consuelo y redención en la Palabra de Dios. Comencé a orar y a estudiar la Biblia, buscando la guía y el perdón. A medida que mi fe crecía, sentía la necesidad de hacer un compromiso con Dios.

Un día, compartí mi deseo de recibir a Jesús en mi corazón junto con otras reclusas que también buscaban consuelo y redención. Juntas, nos acercamos a la hermana Yesenia quien visita el penal.

Así comenzamos a estudiar el discipulado El Camino de la Felicidad y semanas después, en una emotiva ceremonia, fui bautizada en las aguas, renunciando a mi oscuro pasado y entregando mi vida a Dios.

Reclusas formadas, esperando ser bautizadas

A pesar de enfrentar una condena de más de 20 años, he encontrado un propósito más grande en mi vida. Se que me he convertido en un faro de esperanza y transformación para muchas mujeres que se encuentran dentro del penal, compartiendo mi historia y fe con quienes me rodean. Estoy consciente que será un camino difícil, pero estoy decidida a vivir para Cristo, permitiendo que el Señor tome el control de cada día que pasaré en prisión.

Con el tiempo, mi fe se ha fortaleció aún más, y me he convertido en un testimonio vivo de que incluso en los lugares más oscuros, la luz de la redención y la gracia de Dios, pueden brillar. Deseo que mi historia inspire a muchas personas a buscar el perdón y la transformación, recordándoles que nunca es demasiado tarde para cambiar y encontrar el camino hacia la luz, esa luz que sólo Dios nos puede dar.

Ivonne Lizeth Briones

Se parte de este ministerio

One response to “En la prisión encontré luz para mi vida”

  1. El Señor Jesucristo dio su vida para rescatar la de Ivonne Lizeth y la de muchas personas más que se encuentran pagando por pecados cometidos, pero que l recibir a Jesucristo como su Salvador, quedan exentos de culpa porque en Cristo hay justificación y redención. El Señor Jesucristo nos dice; “…al que a mí viene, no le echo fuera.” (Juan 6:37).

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