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Compartiendo con el necesitado

Templo Cristiano Jabes, pastor Ramón Saenz Galarza
El Carmen, Nuevo León

Agradecemos al ministerio de Cruzada Mexicana por su confianza y apoyo al ayudarnos con herramientas bíblicas para llegar a más familias. Cinco familias han vuelto su corazón a Cristo, y ahora se están congregando en la iglesia. Hemos iniciado los estudio de discipulado y repartimos folletos para que la gente recibiera la palabra de Dios. Ha sido una gran bendición por lo cual le damos gracias a nuestro Dios, sabemos que nada es en vano y que la Palabra del Señor jamás regresa vacía. Estamos capacitando más líderes que pronto estarán discipulado a más personas en el nombre de Jesús. La gente ha respondido al llamado, bendecimos a Cruzada Mexicana y oramos por cada donante que ayuda para que el evangelio llegue a cada hogar de México.

Compartiendo el evangelio por medio del discipulado

«Siempre viví con mis padres, pero por causa de las malas amistades, los vicios y las adicciones que tenía, un día empezó una guerra en casa y eso me generó muchos problemas y así estuve durante muchos años. Me casé, pero perdí familia e hijos; perdí mi trabajo y mi casa. Nunca fui rico económicamente, pero vivíamos con lo necesario, sin embargo el diablo me tenía esclavo y mi mente estaba cegada.»

«Cuando me sentí vacío y cuando ya no tenía nada, caí en la cárcel 6 veces. Pero un día, en aquel Centro de Rehabilitación Social de Apodaca Nuevo León, había un hombre que le decían «Zumba». El me decía: «hermano, arrepiéntete de tus pecados porque Cristo quiere cambiar tu vida.» Recuerdo que en aquel tiempo le decía: «no me digas eso, esto no es para mí. Te estas equivocando.» Pero era tanta la insistencia de ese hombre en la prisión, que recuerdo que en mi pensamiento un día me dije: «voy a ir con él con tal de que ya no me diga nada». Y así, fui y en aquella ocasión empezaron a orar. La Palabra de Dios empezó a ser predicada, pero no podía entender lo que hablaban ni de lo que se trataba en aquel momento. Me preguntaba: «¿Por qué lloran si nadie les hace nada, por qué se caen si nadie los empuja?» No lograba entender esas cosas pero lo importante es que ya había cumplido con haber asistido con ese hombre. No me daba cuenta que Dios estaba llevando a cabo su propósito en mi vida.»

«Estando aún en la prisión cuando mi madre falleció en 1998 y 8 meses después también falleció mi padre. Fue lo más doloroso que había experimentado, ya había perdido todo por completo, todas las puertas se habían cerrado y ya no tenía sentido seguir viviendo. Cuando salí de la cárcel, mis hermanos de sangre me cerraron las puertas de sus casas. Nadie quería saber de mí. No querían batallar conmigo, pues a ellos mismos en algún tiempo les robé. Tuve que quedarme en las calles y eso me dolía mucho en mi corazón.»

«Pero llegó el día en que Jesús entró a mi corazón de una vez y para siempre. Yo le decía que no quería morir así y que si Él me ayudaba y me cambiaba, nunca se me iba a olvidar. Me encontraba tirado en la calle pino Suarez del Centro de Monterrey. Me metí en una pocilga dónde había pura suciedad, ahí había puro mal-viviente. Dos días estuve llorando y clamando a Dios en ese lugar, pidiendo a Dios me cambiara.»

«Entonces salí porque tenía mucha sed y encontré a un varón que era el director de una casa de rescate y me dijo: «hermano, Cristo te está esperando.» Le respondí: «Si hermano, está bien.» Entonces lo acompañé al centro de rehabilitación que se encontraba al otro lado de la ciudad. «

«Junto al centro se encuentra una iglesia, ¡Cristo ya me estaba esperando! Me dijo el director: «Mañana hay culto.» Ese día caí postrado a los pies de Cristo y mis ojos espirituales fueron abiertos y comprendí que las cosas iban a cambiar y que jamás volvería a hacer lo que era.»

«Jesús cambió mi vida. Empezó una transformación desde adentro de mi ser, cambió mi forma de sentir, mi manera de pensar. Me dio un corazón sensible, Dios ha ido obrando y cumpliendo Su propósito en mí.»

«Hoy, ya tengo cuatro años pastoreando una obra para glorificar al Señor. He entendido que todo está en Sus manos; me siento agradecido, Dios me ha devuelto a mi familia, puso en mi camino a mi ayuda idónea a la cual amo y me ama, servimos juntos en la obra del Señor. Tengo estabilidad, tengo un trabajo y participo con todo mi corazón en la iglesia para que las familias reciban a Cristo en su corazón y sean libres de toda esclavitud. Nunca se me va a olvidar de dónde me sacó Dios.»

Pastor Ramón Saenz Galarza
Familias recibiendo una despensa

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  1. Leemos en la Biblia, en Juan 15:16: “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.” Esta promesa, ha sido totalmente cumplida en la vida del hermano Ramón Sanz Galarza y oramos por él para que su vida siga siendo un fruto que permanece para la gloria de Dios.

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