Vivo en Cristo

Centro Cristiano Casa de Oración, pastor Vicente Ortiz Campoverde
San Juan Parangaricutiro, Michoacán

Crecí en una familia muy católica, desde niño me enseñaron que para ganarme el cielo debía hacer buenas obras. Sin embargo, a los seis años, Dios se reveló a mi vida de una manera poderosa.

Recuerdo que mi madre llevó a mi abuelita a un evento de evangelización en una plaza de toros, esperando que Jesús la sanara. Sin embargo, quien recibió el milagro fui yo. En ese tiempo, padecía de asma, y cuando escuché al evangelista predicar, creí en el mensaje. En ese momento, Jesús me sanó por completo.

Desde entonces, enfrenté muchas pruebas. Mi pueblo es mayormente católico, y cuando testificaba que Jesús me había sanado, mis amigos se burlaban de mí. Era uno de los pocos niños que asistían a la congregación, y mis padres aún no se habían entregado completamente al evangelio. Fue una infancia difícil, pues Jesús me llamaba a vivir en santidad, a no mentir ni robar, a ser un niño de testimonio. Pero en lugar de apoyo, recibía rechazo. Algunos decían que tenía un demonio.

Con el tiempo, esas palabras comenzaron a afectar mi corazón. Me preguntaba si realmente estaba equivocado, si Dios me había abandonado. Buscaba respuestas y justificaciones, pero en lugar de acercarme más a Dios, me alejé. Me sumergí en filosofías vanas y sectas del mundo, tratando de encontrar amor y validación. Esto me llevó a la depresión, a la rebeldía contra el evangelio, y eventualmente al alcohol y las drogas.

Tomé malas decisiones que trajeron graves consecuencias a mi vida. Robé, destruí relaciones, tuve accidentes y estuve hospitalizado al borde de la muerte. En mi peor momento, sentí que todo estaba perdido. Pero Dios, en Su infinita misericordia, nunca me abandonó.

Su amor me rescató y me adoptó como Su hijo. Actualmente, asisto a la iglesia Centro Cristiano Casa de Oración, dónde volví a encontrar el camino gracias a un folleto que los hermanos me entregaron en la calle. Ese folleto, Vivo en Cristo, me enamoró. Ese pequeño gesto fue la semilla que Dios usó para traerme de vuelta a Su gracia.

Hoy, con 23 años, mi mayor deseo es llevar el mensaje de salvación a otros jóvenes que como yo, han estado atrapados en la drogadicción y la desesperanza. Pido sus oraciones para que Dios complete Su obra en mí y me restaure completamente. Sé que Él es fiel y Su amor nunca falla.

Martín Ruiz Saucedo

Se parte de este ministerio

Descubre más desde CRUZADA MEXICANA

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo