Iglesia El Buen Pastor, pastora Claudia Hernández Maldonado
Acapulco, Guerrero
Mientras estábamos compartiendo el mensaje de salvación cerca de una parada de transportes, conocí a Karen Michell, una joven estudiante de secundaria. Durante nuestra conversación, Karen nos contó que tiene muchas dudas en su vida. Ha intentado resolver estas inquietudes con personas de su misma edad, pero los resultados no han sido lo que ella buscaba.
Aprovechamos para compartirle la Palabra de Dios. Después de orar por ella, le regalamos una Biblia, con la intención de visitarla en su hogar una vez por semana y ayudarla a resolver sus dudas a la luz de la Palabra de Dios. Fue un tiempo maravilloso en el que pudimos ver el deseo genuino de esta joven de conocer más sobre Dios.
Esta experiencia me ha hecho reflexionar sobre lo importante que es compartir una Biblia con las personas. Pero no basta con sólo regalarla, debemos enseñarles a leerla y a comprender las promesas que Dios tiene para sus vidas. Es crucial que entiendan que Jesús debe ser quien guíe sus vidas por el camino del bien.
Al regalar una Biblia, estamos proporcionando una herramienta poderosa, pero su verdadero impacto se realiza cuando nos tomamos el tiempo de enseñarles a utilizarla. La Biblia es un faro de luz en medio de la oscuridad, una fuente de sabiduría y consuelo. Pero para que esas palabras cobren vida, debemos acompañar a quienes la reciben, guiándolos en su lectura y ayudándolos a aplicar sus enseñanzas en la vida diaria.
El ver la transformación en Karen Michell, su deseo de aprender y su apertura a las enseñanzas de Jesús, me ha recordado que cada Biblia que entregamos tiene el potencial de cambiar vidas. Pero ese cambio se potencializa cuando nos comprometemos a caminar junto a ellos, mostrándoles el camino y ayudándoles a descubrir las promesas que Dios tiene para ellos. Es un recordatorio de nuestra responsabilidad y del inmenso poder del amor y la guía divina.

