Iglesia Monte Sion, pastor Ramón Lechuga
Ciudad Juárez, Chihuahua
Cada domingo, mi esposo, mi hijo y yo nos levantamos con una misma emoción: El gozo de compartir la Palabra de Dios con los niños del DIF.
Todo comenzó cuando mi esposo entregó su vida a Cristo. Un hermano en la fe lo animó a compartir la Palabra, y desde entonces hemos trabajado como familia en la obra del Señor. Así fue como llegamos a este centro, un lugar donde se refugian niños que han sufrido abandono, maltrato y adicciones. Son pequeños con historias difíciles, pero con un corazón dispuesto a recibir amor y esperanza.
Desde el primer día en que llegamos, sentimos una carga especial por ellos. Sabemos que no solo necesitan alimento y abrigo, sino también el amor de Dios que sana las heridas más profundas. Cada domingo llevamos un mensaje de esperanza, oramos con ellos y les enseñamos la Palabra. Hemos visto sus sonrisas iluminarse con cada historia bíblica, con cada promesa que descubren en las Escrituras.
Pudimos entregar Biblias a los niños entre 8 a 18 años. Fue un momento lleno de emoción. Ver sus rostros iluminados al recibir la Biblia como un regalo nos conmovió profundamente. Para muchos, era la primera vez que tenían un libro propio, y qué mejor que fuera la Palabra de Dios.
Con estas Biblias, creamos un grupo de lectura, juntos aprendemos y reflexionamos acerca de la Palabra de Dios. Es un tiempo hermoso, en el que los niños encuentran una guía y un refugio. Pero también sabemos que cuando cumplen 18 años deben dejar el centro y enfrentarse a un mundo lleno de desafíos. Por eso, nuestra mayor preocupación es que cuando salgan, no se aparten del camino del Señor, que recuerden cada enseñanza y encuentren en Dios su fortaleza.
“Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.”
Proverbios 22:6
Esa es nuestra misión como familia sembrar la semilla de la fe en sus corazones, confiando en que Dios hará la obra en sus vidas. Y mientras Él nos permita, seguiremos adelante con esta labor, sabiendo que cada sonrisa, cada oración y cada palabra compartida puede ser el inicio de una vida transformada por el amor de Cristo.
Bertha Juventina Peimbert Orona


2 respuestas a «Nuestra misión»
Waoooooooo que alegría leer esto gracia Dios q todavía quedan hermanos que se preocupan por sembrar la semilla y mucho más en un lugar como este donde ahí tanta necesidad que les eñor los siga usando de manera poderosa y que cada palabra llegue vale profundo y esta semilla germine en cada corazoncito la cobertura de Dios sobre cada niño y adolescente que Dios los cubra y les supla un lugar cuando llegue a sus 18 años y q puedan predicar la palabra del señor con poder
¡Qué familia tan admirable! Oramos por ellos para que Dios los proteja y haya mucho fruto de la hermosa labor que están llevando a cabo.