Fui pionero de Cruzada Mexicana en los años 60 en el Estado de Oaxaca. En aquel tiempo, caminábamos horas para llegar a las comunidades, ya que no existía el transporte que tenemos hoy.
En muchas ocasiones, pasábamos la noche bajo la sombra de los árboles y con el estómago vacío, pero nada de eso nos detenía, porque el amor de Cristo nos fortalecía para seguir adelante. Fueron años gloriosos, pues en muchos pueblos se estableció una iglesia que permaneció como luz y guía espiritual.
Después de muchos años, mi corazón se llena de gozo al ver que lo que Dios comenzó sigue dando fruto, y que la semilla del evangelio continúa siendo sembrada por todo México.
Exhorto a los pastores a recibir el apoyo de Cruzada Mexicana, para que sus iglesias crezcan y se fortalezcan, cumpliendo con fidelidad la Gran Comisión.
José Gaspar Maldonado

