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Antes era un idólatra, pero ahora sirvo a Dios

Casa de Dios Puerta del Cielo, pastora María Victoria Blancas Anaya
San Martín Texmelucan, Puebla

San Martín Texmelucan es un lugar de mucha idolatría y costumbres ancestrales de la iglesia tradicional.

No nos ha sido fácil hablar con las personas de este lugar, pero Dios está permitiendo que nos escuchen y comprendan lo que realmente espera de todos nosotros. A Dios gracias, Él nos ha ayudado para continuar evangelizando en este tiempo en el que muchos se han guardado en sus casas. 

Gracias a Dios, hemos podido llevar las Buenas Nuevas del Evangelio a diferentes personas para que vengan al conocimiento de la Palabra y sean libres de toda esclavitud.

Este es un testimonio de un hombre que Dios sacó de la ignorancia y el pecado y ha cambiado su vida completamente.  Amén

«Yo era una persona idólatra de hueso colorado. Aquí, en mi comunidad de San Francisco Tepeyecac, se festeja a San Francisco de Asís.  Siempre participaba en las festividades haciendo moles y ayudando en los rituales.»

«En San Martín Texmelucan, Puebla fui parte de la comisión de festejos de San Martín; yo mismo cargué su imagen, cuando en procesión la paseábamos por las calles. ¡Qué terrible! Cargaba un ídolo que no ve, ni habla, ni me podía acercar a Dios.»

«Hubo muchos que me hablaban con la Palabra de Dios para mostrarme mi error, pero como ustedes saben, los católicos de hueso colorado nos aferramos a costumbres que no entendemos; defendemos a la iglesia, cuando no conocemos a Jehová ni a Jesucristo.  ¡En que confusión me movía yo!»

«Pero, un día, vino una necesidad tan grande de enfermedad en mi familia y gracias a Dios en esos días un amigo muy querido me predicó la bendita Palabra. Parecía que me daba un baño de agua pura cristalina permitiéndome ver y oír claramente. No pude resistir, como en otras ocasiones, a escuchar con atención el mensaje poderoso del evangelio. Me di cuenta de que nadie podía ayudarme, y menos figuras de madera.»

«Entonces, reconocí que sólo Dios podía ayudarme. Le recibí en mi corazón y desde entonces me he apartado del pecado y la idolatría. Ahora yo sirvo a Dios con mucho gusto, porque, como dice la bendita Palabra de Dios, debemos dar de gracia lo que de gracia recibimos.»

Crescencio García Flores

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