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Un llamado a permanecer enfocados

 

La distracción es un problema que a menudo nos desenfoca del objetivo principal. Como Iglesia ese objetivo es predicar a Cristo.  A veces esa distracción es tan penetrante y placentera que sin pensarlo mucho nos entregamos a ella, porque es agradable a nuestra carne, me atrevo a decir que casi irresistible, un efecto que no nos sucede con la predicación.  Esta última si la practicamos fielmente es decir sujetándonos al Señor, tratando de ser fiel en todos los aspectos siempre producirá muerte en el individuo,  porque sus implicaciones requieren renuncia y sacrificio a todo aquello que representa una distracción y oposición. El método siempre ha sido el mismo y las circunstancias también. Aquí podemos pensar en el panorama tan poco atractivo se nos ofrece para servir al Señor,  pero no tenemos que verlo así, si lo vemos con nuestros ojos carnales siempre pensaremos que estamos renunciando a lo mejor por lo peor, sin embargo cuando dejamos que Cristo moldee nuestra manera de ver las cosas, pronto encontraremos una gran fuente de gozo y eternidad que podemos experimentar a través de esta preciosa labor.
El problema hoy en día radica en que como Iglesia estamos demasiado secularizados. Nuestros estándares por mucho han dejado de ser los de la Iglesia Bíblica para cada vez más asemejarnos  al mundo.

Queremos ganar al perdido a través de métodos del mundo cuando está tarea fue separada para llevarse a cabo a través de las formas de Dios, que son la predicación Biblica mostrada a través de la obediencia y la oración.  Aquí omitimos  la Fe no porqué consideremos que no entra, sino porque está va implícita en estas dos. Para permanecer en el ruedo del Ministerio ya sea de rodillas o proclamando el Evangelio necesitaremos fe.
En la predicación lo difícil no es empezar, lo que necesitamos es permanecer. Los Apóstoles terminaron sus días predicando, esta no fue una labor desarrollada en una temporada, sino un estilo de vida que practicaron hasta el final de sus días e independientemente de sus circunstancias, bien podemos decir que los encontramos predicando en todos los contextos en los que se puede vivir.
El Apóstol Pablo es un ejemplo claro de alguien que decidió romper con los estorbos para concentrarse en lo más importante;  El dijo:

“Y aún más: Considero como pérdida todas las cosas, en comparación con lo incomparable que es conocer a Cristo Jesús mi Señor. Por su causa lo he perdido todo y lo tengo por basura a fin de ganar a Cristo Filipenses 3:8; RV 2015.”

Pablo estaba desmeritando todo aquello que no le ayudaba a enfocarse en Cristo; lo estaba relegando, incluso desechando a tal grado de tenerlo como una pérdida, como basura. ¿Cuáles son esas cosas que nos desenfocan?
Tal vez sean los afanes de la vida; la búsqueda del placer; o también la práctica de algún pecado.  Todo esto reduce nuestro rendimiento;  nos debilita espiritualmente, y nos hace perder el enfoque manteniéndonos divididos entre las cosas de Dios y las del mundo.

Encontramos a un Pablo tierno y compasivo con el Señor y con los hermanos, pero también a una persona dura consigo mismo y con el pecado, exactamente con todo aquello que no le ayude a cumplir el propósito de Cristo en su vida. Esto nos muestra un carácter en identificación con Cristo, una persona consumida no en parte sino enteramente por su Señor y su obra.

Hoy más que nunca el mundo necesita escuchar de Jesucristo, pero esto debe realizarse a través de cristianos comprometidos, creyentes que no solo sientan  sino que vivan un llamado permanente, que puedan ver más allá de sus circunstancias y que puedan darse cuenta la trascendencia que hay detrás de este trabajo que humanamente parece tan absurdo pero que espiritualmente determina en el hombre la condición de vida o de muerte. Que podamos sentir amor por los perdidos, pero no basado en un sentimiento o la emoción sino expresado en nuestro compromiso en la predicación. Al final esto es lo único que va importar para todos. Para nosotros lo Cristianos la pregunta será ¿si obedecimos o no al llamado? Y para los incrédulos será ¿Por qué rechazaste a Jesús? , debemos darnos cuenta que todo gira en torno a la obra de Dios, queramos verlo o no.

Nuestra oración debería de ser que podamos ser más audaces, y elegir como el Apóstol Pablo renunciando a todo aquello que sea un obstáculo para desarrollar efectivamente nuestro llamado. Que podamos decidirnos por lo mejor, y renunciar a lo secundario por más valioso o placentero que humanamente resulte ser;  y que determinados podamos correr en pos de Cristo para que nuestro ministerio produzca fruto bueno y perdurable para la alabanza de su gloria.

Así que os invitamos a permanecer enfocados y a permanecer haciendo este maravillosa labor, recordándonos a cada instantes que el trabajo en la obra del Señor nunca es en vano.

Rodolfo Silva Ver todo

Diseñador Gráfico

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